Hay lugares que no aparecen en ningún mapa, rincones del universo donde la realidad decide rendirse ante la imaginación. Aeris es uno de ellos.
Aquí, los senderos no atraviesan la tierra, sino el aire. Puentes de cristal se extienden entre islas flotantes cubiertas de vegetación, suspendidas sobre un abismo de nubes y luz. El agua cae en cascadas infinitas que nunca llegan al suelo, perdiéndose en un horizonte que parece no tener fin.
Los viajeros no caminan… flotan, se deslizan, sueñan. Algunos, como los guardianes alados, han aprendido a dominar el viento, convirtiéndose en parte del paisaje. El silencio solo se rompe por el murmullo del aire y el eco lejano de las alturas.
Dicen que quien cruza estos caminos no vuelve siendo el mismo. Porque en Aeris no solo se viaja a un lugar imposible… se viaja también hacia dentro de uno mismo.